19 de septiembre de 2016

Hogar

La casa. ¡Que quieres la casa como la barriga que te ha criado!  Aunque Ya no esté cerca de nada. Tan siquiera de quién eres tú ahora. Aprendiste en ella que no puedes tirar del exterior. Si duele la herida debes procurarte consuelo. Si la herida sana es tu trabajo bien encaminado. Aquí estás en la casa como guarida del mal o ventana al cielo. Con emociones en los dedos esparcidas por esto que narras. Pero fue entrar en el refugio para regresar de nuevo a ti. Antes preguntabas después se estableció un silencio abrumador. ¡Qué suerte que al menos bajo sus paredes pudiste estar libre de aquellos u otros prejuicios! Hay muchos paréntesis de caras conocidas que no hablan. A los que no recuerdas y que no te deben nada. Como respuesta la casa no paró de crecer en la sombra. Si fuera un árbol estaría olvidado y quizás sería utilizado por nuevas generaciones que no saben jugar. La guarida como sostén. La casa como trampolín hacia el mundo.

Parte 2: Recordatorio
Cuente con sus dedos y descubra que eso también es refugio.
Usted es lo mejor que tiene usted.
Por ello Escriba y constate.
Viaje y alégrese de conocerse entonces.
Admire un cuadro y encuentre en él ese espacio al que pertenece.