15 de mayo de 2010

Amor y otras cuestiones

Tú aquí,yo a tu lado, sin embargo no existe mayor mentira.
Crecer y amar significa resolver cuestiones para seguir haciéndolo de manera indefinida.
Digo,tú aquí, tan lejos que lo único que puedo hacer es tocarte.Una línea invisible e imperceptible separa cada día este camino común que formamos.
Estamos juntos en forma, como una fachada al exterior,robusta e imparable ante el tiempo.Dentro,cada día hay mas huecos y dudas, y esto es así porque no existe manual alguno que explique lo correcto de amar o ser amado.Fiarse de los sentimientos a pies juntillas no siempre responderá a nuestras inquietudes y ansiedades.No hacerlo puede suponer una perdida interior irreparable.No sé a donde me llevan todas estas cuestiones que afloran como setas en el verde campo.
Vivir la vida fiándose de las intuiciones no es ningún seguro pero olvidarlas, nos hace menos auténticos de lo que podemos ser.Esto sí es un mensaje en botella tirado al mar que espera ansioso una respuesta.Aunque este mensaje sabe que no hayara solución más que en su propio interior.

12 de mayo de 2010

Nunca antes alguien me gustó como tú.

Sobre todo, Paquita no abría los ojos. La lengua de la señora Marín comenzó a moverse en forma circular sobre sus labios, humedeciendo la comisura, haciendo esfuerzos por introducirse en su boca.La punta daba pequeños golpes en sus dientes postizos, buscaba una apertura, quería introducirse despiadada en la sabrosa cavidad bucal de su conquista. ¿Hacía cuánto no disfrutaba de un beso? Y, más aún:¿Cuánto hacía que había olvidado esa pequeña excitación que le sobrevenía? Otra vez ese recuerdo,no podía quitárselo de la cabeza:
«Es un beso nada más» -se decía sin parar Paquita-. «Un acto que no significa nada pero...tampoco es solo eso. Nadie me ha tratado bien desde hace mucho tiempo. No sentí resentimiento en su mirada al criticar sus costumbres. Y su tímida sonrisa, reconozco cierta turbación en mi cuerpo cuando pienso en ella. En cualquier caso, esto no está pasando. ¿Yo lesbiana? Paquita Fernández, mujer española
¿lesbiana? Pero si yo soy la primera que no está de acuerdo con las relaciones gays. Todos esos hombres y mujeres desperdiciados, que nunca darán frutos.»
Paquita recordaba el suceso con la claridad de un día de nieve. Cerró los ojos y dejó que su mente dibujara la situación una vez más. Aquel día bajó a dar su paseo matutino por el barrio Salamanca. Le gustaba hacer sus compras y como no tenía amistades con las que charlar, visitaba las tiendas en busca de conversación y un rato entretenido. En la peluquería era donde solía pasar más rato y nunca
desperdiciaba ocasión para decir cualquier cosa que se le pasase por la cabeza.
-¡Estoy harta ! ¿Por qué todos los trabajadores de Telefónica son tan ineptos?-Gritó desde la entrada Paquita.
-Hola. ¿Que cuentas hoy? –Respondió la dependienta con desgana.
-Fíjate lo que me ha ocurrido. Me llega una carta el miércoles diciendo que debo 100 euros de internet.¡Pero si yo no tengo de eso!
-Y a mí 200 euros en el movil.
-Luego llamé para reclamar y nadie sabía nada... todos esos “panchitos”incompetentes ¿Quien los contrata? Y sobre todo, ¿por qué si no saben?
-¿Quizás querrías un corte de pelo?.
-Voy a mandar una carta al defensor del consumidor. Ésta situación me pone furiosa. Yo, una pobre vieja. ¡Si es que no hay respeto!
Paquita es una mujer de carácter difícil y huraño. Se podría decir que la generosidad es la única de sus virtudes. Por lo demás, una amargura en forma de malestar le es inherente. Su persona baja y regordeta no conoce la belleza desde ningún ángulo. Sus pobladas cejas y su constante cara de enfado no ayudan a darle una segunda oportunidad. Su vestuario gris le añade mas años a su avanzada edad. Un bastón de madera tallado no se separa nunca de sus manos, es un amigo inanimado, pero a pesar de todo, un amigo que le ayuda a mantenerse en pie.
Se sienta en una silla a un lado de la puerta de entrada y da golpes al suelo con su bastón mientras se queja de los precios de los cortes de pelo.
-¡Aquí pensáis que somos ricos! ¿Como cuesta tanto un simple corte? Además, no tenéis ningún gusto.Mira esa chica que sale por ahí, si parece que le hubiese cortado el pelo un enemigo.
La chica de la peluquería mira a Paquita con cara de desagrado. Mientras,se muerde la lengua para no decir nada grosero. ¡Qué ganas de mandarla al carajo!
En ese momento se abre la puerta y aparece otra clienta habitual. De marcado carácter clásico y soso se acerca hasta el mostrador y con una voz suave le pregunta a la dependienta cuando será su turno.
-Déjeme mirar. Si, usted está después de aquella señora. Siéntese si quiere en la silla. Yo la llamaré cuando le toque.
La señora Teresa Marín, que así se llama, anda hasta la silla mas próxima a Paquita. Se sienta a su lado y se queda un rato callada contemplando el trasiego de los peatones a través de la cristalera. Mientras piensa que el barrio está cambiando mucho desde que han entrado todos esos inmigrantes ladrones.Robando el trabajo a quien es de aquí.¿Es que el gobierno no se da cuenta? Marín se santigua para asombro de Paquita que la mira y comenta:
-¡Pero cómo puede santiguarse usted a estas alturas! Pleno siglo veintiuno y sigue anclada en ese dios.¿No se da cuenta de que todo ese rollo es mentira?
Marín levanta la cabeza y lejos de reprocharle que cada uno es libre de hacer lo que le parezca, la sonríe de manera tímida. Paquita siente un leve rubor en sus mejillas. Si la señora Marín no se defiende es porque hace dos días volvió a ver a Marisa Paredes por televisión. El hecho pudiera parecer cotidiano, de no ser que ésta le recordaba a su antigua amiga Luisa. Los chicos de la escuela la
comparaban con ella. Era rubia y delgada, alta y alegre, de sonrisa fácil y risueña. Tenía unos grandes ojos azules de brillo intensísimo.
Esa noche, y ya metida en la cama, Marín tuvo un sueño en el que aparecía Luisa en el salón de su casa. Seguía igual que como la recordaba. Al girarse, descubrió que la mesa estaba decorada con velas,había un vino bueno y música jazz en el ambiente. Se giró de nuevo para mirar a Luisa. Estaba sentada con las piernas cruzadas en contra de la luz que se proyectaba desde los grandes ventanales. Llevaba puesto un vestido negro que realzaba su figura. Marín se acercó. No sabía como, pero tenía en la mano un pañuelo que utilizó para taparle los ojos a Luisa. Comenzó por apartarle el pelo del cuello y tocó sus labios con la punta de los dedos. Luisa a su vez respondió chupando de manera leve uno de ellos y llevándolo a la altura de su escote. Marín sintió tal excitación que no fue capaz de controlarse. Tomó la cara de Luisa con ambas manos y la besó.
De sopetón, Marín se incorporó en la cama con una expresión de angustia en su cara, brotaban algunas lágrimas de sus ojos pequeños. Se levantó, tomó su bata de raso azul marino y se vistió con ella.En la oscuridad de su solitaria casa se acercó a la cocina y puso agua a calentar en el fogón. Necesitaba una tila para relajarse. Era evidente que Marín había sentido algo más que una amistad por Luisa, pero sus fuertes creencias religiosas y todos los años de educación cristiana la habían obligado a guardar silencio sobre sus tendencias homosexuales.¿Por qué algo tan bello como era amar podía ser tan mal visto por su Dios? Desolada se acercó al comedor donde, en forma de destellos, volvió a pensar en lo soñado.Tapando su cara con las manos, comenzó a gritar y llorar al mismo tiempo.
-Señora Marín,cuando quiera ya puede pasar a la pila para lavarse la cabeza - le dice la dependienta.
-¡Eh, señora! Le toca a usted -. Le grita Paquita zarandeándole el brazo.
-¡Ah, gracias! Me quedé pensando en mis cosas. Gracias señora.
Se levantan al mismo tiempo. Marín se acerca a la pila y Paquita, algo sorprendida por el comportamiento de la señora Marín, se marcha de la peluquería olvidando el bastón. Cuando se da cuenta un poco más tarde de su olvido vuelve para recogerlo. En la peluquería se encuentran de nuevo;la mujer le pide que la espere.
-Así salimos juntas. Es que alguna vez la he visto por el barrio y sé que vive cerca de mi casa.
Paquita duda por un momento pero decide esperarla. A fin de cuentas no tiene nada mejor que hacer y quizás ésta sea una oportunidad para comenzar una amistad. La señora Marín recoge su abrigo de piel y se lo coloca. Salen de la peluquería despidiéndose de la dependienta, la cual se alegra por la salida de las mujeres,quizás comiencen una amistad y Paquita venga menos.
Al abrir la puerta, aparece ante ellas una calle con amplias aceras y una distribución cuadriculada propia de los planes de ensanche de la ciudad. Comienzan a andar mientras conversan:
-¿Y usted se llama?-. Pregunta Paquita.
-Teresa. Teresa Marín. Vivo en el barrio desde que mi marido falleció y me trasladé a Madrid, mi
ciudad natal. ¿y usted?
-Yo soy Paquita Fernández. Mujer soltera y española.
-¿Querría un café? Es que con éste frío que se mete en los huesos...
-Lo primero, no me trate de usted, que me hace sentir mas vieja de lo que soy. Y, por lo del café,bueno,está bien.-Dijo mientras miraba el monedero
Entraron en una cafetería, cuyo acceso eran tres escalones de mármol en sentido descendente. Las bajaron, y en el último escalón Marín ayudó a Paquita agarrándola del brazo. Se sentaron en la mesa del centro de la sala y pidieron dos cafés a un joven con cara de aburrimiento.Paquita no entendía cómo una persona podía ser tan amable cuando apenas la conocía. << Sería la bondad cristiana>> -se dijo-. Al levantar su cabeza, allí estaba una bonita sonrisa coronada por un diente de oro. Paquita la miro curiosa:
-No me había fijado antes. Llevas un diente de oro
-Si. Siempre lo he preferido a las joyas, si sufro un robo resultaría mas difícil que me lo quitaran.
-Nunca lo había pensado. Supongo que será porque nunca he tenido demasiado dinero, ni para eso ni
tampoco para las joyas. Es que yo nunca he trabajado. Viví con mis padres y estuve a su lado hasta su
muerte. Eso es lo que se espera de una buena hija ¿no?
-Lo sabría si hubiese tenido hijos. Como hija no hice mucho por mis padres. Nunca me
comprendieron y no tardé mucho en salir del hogar familiar. Conocí a Javier y nos fuimos a vivir a una pequeña ciudad del sur de Francia. Ahora Javier lleva cinco años muerto. El tiempo que yo llevo en Madrid.
Paquita, escucha hablar a Teresa pero no ha olvidado la escena de la peluquería. Cuando la ha movido el brazo, Teresa estaba completamente ida, absorta en sus pensamientos. A Paquita le puede la curiosidad. Después de dudarlo unos segundos no puede contenerse y pregunta a la señora Marín por el motivo de su ensimismamiento en la peluquería. Al ir a responder, se muerde los labios y se lo piensa dos veces.
-Bueno, lo cierto es que me siento muy sola aquí. No tengo a nadie, pues hace muchos años que abandoné la ciudad. Sin embargo, hay algo más. Hace unos días me acordé de un amor muy especial, alguien a quien quise de veras y con quien nunca pudo ser.
-Y esa persona especial se llama...
Teresa, que hasta el momento no había dejado de sonreír, cierra su boca y se queda callada. Su cara cambia de expresión, quedándose muy seria de repente.
-Luisa. Luisa Guerrero
-Así que una mujer, ¿eh?, ahora entiendo tu embobamiento. Lo que te ocurre es que no soportas la idea a causa de tu fe. ¿Me equivoco a caso?
-.¡Callate! Mi Dios es sagrado y Él y solo Él me lleva por el camino verdadero. Si he aguantado todo este tiempo es porque sé que cuando muera me acogerá en Su reino.
-Así es que prefieres morir habiendo hecho callar tus ilusiones. Seguro que no eres capaz ni de intentarlo
-.¿El qué? Las últimas noticias que tengo de ella es que se fue a vivir al extranjero, le perdí la pista.
-Pero no me refiero a ella, Teresa. Estoy segura de que no serías capaz ni de besarme a mí. Ya te lo he dicho, todo eso que crees es mentira. Qué negocio redondo éste de la fe. Y luego el clero predicando un mensaje que ellos no cumplen. En cualquier caso, no eres capaz - Y soltó una risotada excéntrica que a
Marín se le introdujo en la cabeza.
-Eso crees, ¿no?
Marín se levantó y se acerco a Paquita. Le apartó las manos del café y se las colocó rodeando sus hombros. Cerro los ojos y en medio de aquel escenario la besó ante su perplejidad.
<< Es un beso, nada más que un beso - se decía sin parar Paquita-. Un beso que no significa nada pero...tampoco es solo eso. Nadie me ha tratado tan bien desde hace mucho tiempo. No sentí resentimiento en su mirada al criticar sus costumbres. Y su tímida sonrisa...reconozco cierta turbación en mi cuerpo cuando pienso en ella. En cualquier caso, esto no está pasando. ¿Yo marica? Paquita Fernández, mujer española ¿marica? Pero si yo soy la primera que no está de acuerdo con el matrimonio
gay. Todos esos hombres y mujeres desperdiciados, que nunca darán frutos...>>

10 de mayo de 2010

Ojo mancha


Imagen de Joaquín Saenz Rojo


No encuentro palabras, todo son ojos, también aquellos que se posan en las esquinas.
Estamos llenos de miedos, ¡cuidado! te manchas.
Nuestra seguridad excesiva no nos permite vivir lejos de nuestras comodidades.Ojos, vigilancia. Me aterra pensar que el hombre es un lobo para el hombre. Sin embargo ¿que lección recibo del mundo que me rodea?
Manchas o párrafos incompletos que no comunican nada y que valen tanto como esta sociedad que predica “todo vale”
No tengo de que tener miedo, pero cada vez estamos más lejos los unos de los otros.
OJO, mancha,ojo,MANCHA. Silencio,cuchillo.
Quizás el sin sentido sea una respuesta coherente a esta enfermedad conformista e ignorante.
Me atrevo a decirlo, quiero GRITARLO, estamos enterrados en un mundo gris y a la deriva.
No existe peor sentimiento que el remordimiento por mirar hacia atrás entendiendo que la corriente nos arrastró.
OJOS MECÁNICOS. Productos de nuestra era digital y nuestro progreso.Era de la comunicación.
¿Por qué estoy fuera?

Perteneciente al libro Esto no es un libro-http://www.estonoesunlibro.com

9 de mayo de 2010

Laberintos emocionales


Imagen de Joaquín Saenz Rojo

Llegados a este punto toca mover ficha. Pongo en tela de juicio un montón de sentimientos encontrados.Me guía una intuición, creo que puedo tocarla, está cerca de aquello que nos designa.Cerca del principio y enredado a su vez.
Comparto mi parecer para descubrir cuán cerca estoy de vosotros. Puedo oleros.También haceros creer que pronto recordareis mi presencia. Y así será porque estoy dentro. Soy la alegría en guerra contra el dolor. Soy el inconformismo en batalla. Todo lo que nos hace humanos y necesita despertar.
En este laberinto me hayo porque la ilusión no podrá mostrarse por otros caminos.Rastrearé o palparé todas estas casillas revueltas, el simple hecho de hacerlo me permitirá encontraros.
No quiero pasar inadvertido. Escuchadme bien: La vida es sólo una y no debemos pasarla con los ojos cerrados.

Perteneciente al libro Esto no es un libro - http://estonoesunlibro.tumblr.com/